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Diario personal de una hija y esposa. Diario de una simple cuidadora.
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jueves, 22 de noviembre de 2012
EL DOLOR. Cápsula Tercera. Ejemplos de superación.
He aquí algunos ejemplos de superación relacionados con la fuerza de voluntad, el coraje, el apoyo familiar y social:
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miércoles, 21 de noviembre de 2012
EL DOLOR. Cápsula Segunda. Una realidad cualquiera. El dolor físico.
24 de agosto de 1961. Ocho meses de
edad. Mis padres descubren que “algo malo” me ha ocurrido y llaman al médico
del pueblo quien se ve impotente y los remite a la sanidad de Talavera; luego,
a Madrid.
Hospital del Niño Jesús de Madrid.
Poliomielitis. Dos ataques. Secuelas impredecibles pues se ve afectado todo el
cuerpo desde el cuello. A otros niños y a mí nos atan a una especie de saco de
arena en cruz con las piernas extendidas para que no se deformen. Mi padre no
soporta verme así y me saca irritado de aquel hospital.
Después, víacrucis con recorrido por
hospitales y consultas médicas. Una luz en la oscuridad: hablan de un doctor
que viene de Mallorca a quien las gentes han bautizado como “la Virgen de
Fátima” por los casos de curaciones que va consiguiendo.
La esperanza:
-
Doctor ¿mi hija va a poder caminar?
-
Mejor que usted, pero hay que operar y el camino
va a ser difícil y penoso.
De pequeña me desplazo por el suelo “a gatas”. A los cinco años comienzo
a caminar con ayuda de dos aparatos ortopédicos parecidos a los de la imagen (que no hace mucho publicó el asesor de accesibilidad Xavier Mersalles en Facebook). Otros dos, para dormir, y un
arco de madera con una bombilla en le centro, fabricado por mi padre, me
proporcionaba calor y facilitaba la circulación sanguínea a mis piernas.
Los hombros de mi padre y un borriquillo fueron los desplazamientos más
felices de mi vida.
Nueve años: comienzan las intervenciones quirúrgicas, bastante dolorosas
y cuyos post-operatorios duraban al menos tres meses, tras los cuales tengo que
comenzar a caminar de nuevo como si fuese el primer día. Ausencias en el
colegio y madrugones para estudiar cuando me incorporaba.
Las estancias en la clínica no son inferiores a siete días: noches sin
dormir porque en aquella época se evitan los calmantes fuertes.
Puedo contar las cicatrices –costurones largos y extensos en ambas
piernas y caderas-: unas dieciocho o diecinueve.
…………………………………………………………………………………………………………..
Sin embargo, en el colegio las profesoras me llamaban “LA
NIÑA DE LA SONRISA” ¿Cómo puede ser esto?
Muy sencillo: por los hombros de mi padre, por los lomos del borrico
Pimiento, por las noches sin dormir de mi madre, por la colonia a granel que
extendía en mis brazos cuando los dolores no eran atenuados por los calmantes y
le pedía el estímulo de la fragancia fresca a cada momento, por las canciones
que con su voz llenaban las dolorosas noches actuando como un bálsamo de
caricias… POR EL AMOR, amigos y
amigas de Pensament; por el amor que recibía de mi familia, por el sacrificio
que hacía mi hermana cuanto tenía que separarse de mis padres por culpa de las
operaciones o por otra causa relacionada con mis secuelas, por los ánimos de mi
padre cuando me repetía una y otra vez: “más vale maña que fuerza”, “hace más
el que quiere que el que puede”… y cuando me proporcionaba estudios, formación y un
medio de vida.
¿Qué más puedo pedir, amigos? Lo he tenido todo porque he tenido y tengo
amor. Y no son palabras bonitas para consolar o consolarme. Es la experiencia
real de mi vida y por la que me siento afortunada. Gracias, amigo Isidoro, por hacerme recordar.
Por favor: no os olvidéis pinchar el siguiente enlace:
http://lsvinader.blogspot.com.es/2011/03/codys-story.html
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sábado, 26 de marzo de 2011
EL DERECHO A NACER DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
A José Manuel: Si tu madre hubiera abortado, tú y yo no seríamos hoy marido y mujer y el mundo se habría perdido conocer un amor como el nuestro.
martes, 22 de marzo de 2011
Cody's Story
Sin comparación alguna, me recuerda mi niñez. Yo comencé a caminar a los cinco años con dos aparatos ortopédicos que fabricaba mi padre con ayuda del herrero. Por la noche utilizaba otros dos, y un arco de madera con una bombilla proporcionaba calor a mis piernas para facilitar la circulación sanguínea. Aprendí a flotar en una especie de alberca de cemento que construyó mi padre en el patio (cada vez que entraba, subía el nivel del agua unos centímetros), y a nadar en un río de aguas cristalinas en el que había ranas, libélulas y cangrejos. Luego, perfeccioné mi estilo en las piscinas y, si hubiera tenido oportunidad, podría haber competido con otros discapacitados. Incluso lo hago mejor que muchas amigas sin discapacidad, jajaja.
Ahora, después de más de quince intervenciones quirúrgicas, no utilizo aparatos ortopédicos; sólo dos bastones de codo.
Ahora, después de más de quince intervenciones quirúrgicas, no utilizo aparatos ortopédicos; sólo dos bastones de codo.
Por favor: no se pierdan este vídeo. Cuando lo muestro a conocidos, me dicen: "¡póbrecito!". A lo que contesto: "pobrecitos los niños que no pueden gozar de una infancia como la de Cody". Cody tiene una infancia feliz, pero hay muchos niños sin discapacidad que no la tienen. La diferencia estriba en que Cody se siente amado por SUS PADRES. LA FAMILIA juega un papel importantísimo en el desarrollo y madurez de los niños, sean o no discapacitados. Yo no diría de Cody: "¡Pobrecillo!". Es un ejemplo de superación y se le ve contento. Gracias por seguir este blog. Es un trocito de mi persona que disfruto compartiendo con ustedes.
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